domingo, 3 de junio de 2007

Atrévete a Mirar








Un paseo relámpago

Atrévete a mirar surge a partir de una experiencia de intervención psicosocial con niños y niñas residentes de un Centro de Protección a la Infancia, Albergue, Casa-Hogar, o como se le quiera llamar. Anabel Carreras y Antar Martínez plantean la idea a Andrés Villa de producir un video que recogiera las palabras, los gestos, los colores, los sonidos que formaban parte del mundo cotidiano de estos niños. Quizá lo hacían porque inconscientemente sentían la necesidad de no dejar en silencio el testimonio de abandono familiar y social de que eran testigos pero, sobre todo, de la luz a pesar del abandono. Comenzaron a percibir que los niños estaban cubiertos por una suerte de “invisibilidad” que los sacaba de la mirada de aquellos próximos que debieron ocuparse de ellos, pero también de la mirada de la sociedad en su conjunto. A pesar de este olvido, niños y niñas habían encontrado caminos dignos y vivificantes para crecer. En un sentido creo que la motivación oculta fue compartir con los demás las enseñanzas que los psicólogos habían recibido de un grupo de niños y niñas. La estructura que adquirió el video fue producto de la convivencia con los pequeños y de la improvisación cotidiana, pero sobre todo obedeció al dictado del discurso infantil. El video consiste en el testimonio y la palabra de dos niños y una niña; sus sueños, miedos, viajes, nociones del mundo. El proceso fue largo, muy largo, desde las sesiones de charla para afinar ideas hasta las gestiones, el rodaje, la postproducción y la preparación del evento de presentación. Más de un año y medio por un camino que muchas veces fue cansado y frustrante pero otras muchas veces verdaderamente mágico. La relación en el núcleo productores-realizador, una tercia que fraguó todo y resolvió casi todo siempre de manera colectiva, conoció todos los matices posibles. Se conocieron, se quisieron, se odiaron, se reconciliaron, se cansaron los unos de los nosotros, se ayudaron, se escucharon, se contradijeron, se perdonaron, colaboraron, discutieron de nuevo y después volvían a trabajar tempranito al día siguiente . Muchas cosas sucedieron, se quedaron sin dinero, luego tuvieron mucho que tenían que gastar bien rápido. Se quedaron tirados en mitad de la carretera con un coche prestado el día que rodaron el viaje de Gina, fueron literalmente obligados a comer por el impresionante abuelo de Marcos. También aprendieron a convivir con los niños de tal forma que, por periodos y por momentos, se percibía una relación de tanta familiaridad como la del maestro con sus alumnos, los compañeros de clase, los hermanos. Consiguieron un presupuesto bastante decente por parte de la Universidad de Colima y lo exprimieron como limón. Consiguieron que el DVD tuviera además una galería de fotógrafos colimenses generada en torno a estos niños y niñas. Mucha gente se sumó, amigos, familia, compañeros, estudiantes, profesores, administrativos, secretarias, funcionarios, extraños y tanta gente que sería imposible nombrar a cada uno. El día de la presentación esperaron con los dedos cruzados que de verdad llegaran los aviones con las cajas con los videos. La noche fue de ensueño, muchas almas poblaron el teatro, paradas y sentadas, llorando y riendo, hasta que reventaron en aplausos y vivas para los niños que tradicionalmente son presa de la invisibilidad. Pareció, por un momento, que el mundo se había vuelto al revés.




DETALLES TÉCNICOS
Atrévete a Mirar: Un paseo por el mundo de los niños en Casa-Hogar
Género: Documental
Duración: 46 minutos
Idioma: Español
Subtítulos: Inglés y Francés


- El documental fue seleccionado para inaugurar el Congreso de Save the Children en Zaragoza (2006)

- Recibió un reconocimiento en el Festival Pantalla de Cristal (2006)
- Está seleccionado para presentarse en el Festival Internacional de Cine Latinoamericano de La Habana (2007)

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sábado, 2 de junio de 2007

Mínimo ensayo sobre el beso

Sobre el beso hablan. Los cientificistas revientan en números (huecos). Dos personas que se besan –afirman- intercambian una media de 40.000 parásitos, 250 tipos de bacterias, 0,7 gramos de albúmina, 0,45 de sal, 0,7 de grasas, 0,18 gramos de materia orgánica y desgastan cuatro calorías por minuto. Un beso sobre la mejilla exige la activación de 12 músculos faciales mientras que el beso en la boca utiliza 34. Se concluye entonces que el ejercicio más completo es el que involucra a la trompa. Pero para infortunio de los labios musculosos, la Besología establece que se prohíbe reducir al beso a la simple categoría de ejercicio.
Se sabe también que el beso más largo que se ha dado en la historia alcanza las 30 horas con 59 minutos y 27 segundos. Se necesita condición. Pero también se sabe que este beso ha violado un principio fundamental de la Besología, que se resume en una discreta complicidad, en una intimidad protegida por las ganas de dos, en un celo que lo esconde en el recipiente más inaccesible: la boca.
Encima de todo, los escritores se han dado a la tarea de escribir sobre el beso en cantidades bárbaras. Se podría incluso establecer el besismo como nuevo movimiento literario. Ahí tenemos por ejemplo a La Bella Durmiente, El Beso de Béquer y el personalmente célebre Capítulo 7 de Rayuela. Un verdadero beso letrado.
De igual manera, puede hablarse de sus usos y costumbres: maneras diversas de entender y realizar el beso. Los chinos, por ejemplo, nunca se besan en público. En algunos países de Asia, Birmania y Borneo, no se practica el beso como lo entendemos en el “mundo occidental”; ellos se olfatean. En la Roma antigua había tres nombres diferentes para el acto de besarse, según la función del beso: osculum, savium y bastium. Desgraciadamente, la Biblia Vulgata en su traducción al latín nos amputó los más interesantes y nos dejó con el inocente beso familiar. También existía el ius osculi, menos agresivo que el derecho de pernada, pero también desaparecido del cuerpo legal.No olvidemos los usos peregrinos del beso. El del vampiro para alimentarse después de la seducción. El beso de la mafia que servía para prometer la pronta entrada en el otro mundo. Y el beso anal que formaba parte del proceso de iniciación de la brujas durante el aquelarre. Con todo, intuyo que aún quedan antecedentes encubiertos y olvidados sobre el uso y las modalidades del beso; antecedentes que por fortuna han conservado en secreto los amantes-centinelas.
En lo personal, me producen tristeza aquellos besantes que ignoran los secretos intransmisibles de la besología, los que no han desarrollado una besología propia y despierta; los que apenas aproximan las mejillas como si se fueran a contaminarse con uranio; sin dejar de hablar, como si lo que estuvieran contando (fuese esto lo que fuese) no pudiera esperar el tiempo de un beso. En cambio, me producen una brillante alegría aquellas que hacen del beso algo propio: barro, arcilla, masa. Que pueden otorgarle el don la longitud y hacerlo durar 15 metros, pedirle discreción otros tres. Que pueden asirlo como un ingrediente y darle sabor a chocolate y a mar, y alargarlo al gusto. Que hacen del beso –ante todo- una feliz conversación.