jueves, 16 de octubre de 2008
Anda el animal
Si Parolicias fuera un retoño antropomorfo, ahora estaría en condiciones de mantener una conversación coherente y de manipular objetos diversos con una motricidad fina notable. Sus operaciones cognitivas se caracterizarían por la irreversibilidad, la centración y el egocentrismo. Su razonamiento moral estaría ingresando a la etapa pre-convencional, donde la conducta es regida por controles externos básicamente a través de recompensas y castigos. Habría conseguido ya el control de esfínteres y estaría entrando en los fangosos territorios del complejo Edipo/Electra. Su lenguaje se ceñiría a las reglas de la gramática y contaría con un vocabulario de entre mil quinientas y dos mil trescientas palabras. Probablemente también tendría un apego seguro para con su cuidadora principal. Sin embargo y felizmente, a sus cuatro años, esta criatura ha roto todos los cánones de la ciencia de la predicción. Fue concebida en una cópula creativa de un trío (ajá), y ha sido criada y nutrida por una cantidad creciente de madres/padres adoptivos. El único apego que conoce es a la música y a las letras, de ahí en más, se empeña en no ser de nadie. Desde siempre le han brotado palabras multiformes y fecundas de la boca, y antes de caminar aprendió a bailar. Definitivamente, los castigos y las recompensas de las autoridades le tienen sin cuidado, y mantiene la misma incontinencia de antaño. Nunca pudo socializar de otra manera que no fuese compartiendo lo viejo y abrazando lo nuevo: sus nociones de espacio y tiempo son fluidas e inestables. Anda por ahí dando brincos, como un animalito salvaje que no ha sido domesticado por la buena educación de la recta sociedad. ¡Eso sí que es para celebrar!
domingo, 21 de septiembre de 2008
Crisis económica o nerviosa

Cuando los medios de comunicación y los “expertos” hablan de la crisis económica se usan palabras como “tsunami” económico, “terremoto” bursátil y “cáncer” financiero. Que curiosa trampa retórica ésta, que maquilla el asunto de catástrofe natural y crea así la sensación de que el sistema económico y sus avatares son una especie de fuerza gravitatoria que está ahí nomás, desde siempre, como cualquier otra propiedad del universo y que por consiguiente está fuera de nuestro control y lo único que nos queda por hacer es padecer las crisis con resignación y rezar mucho para que pasen pronto y dejen los menos vestigios posibles. El otro día salió en la tele uno de esos peces gordos de la economía gringa, decía que estas crisis son “normales”, está previsto que ocurran más o menos una vez cada cien años, así funciona el mercado. Ah, bueno –pensé yo-, esta explicación nos deja más tranquilos: son los ciclos corrientes del sistema así que tampoco hay que armar tanto escándalo. Para mayor alivio, el señor hablaba con una tranquilidad y una sabiduría de viejo lobo de las mareas de Wall Street, a lo mejor la calma que proyectaba estaba apuntalada por el traje refinado que vestía y porque en su rostro lucía ese brillo rollizo de quien no sabe lo que es tener hambre. De modo que la alza de los precios, las deudas que ahogan las economías familiares, los pobres del mundo que se multiplican con panzas famélicas, la exterminación de los ecosistemas, las generaciones que no podrán acceder una vivienda, la precariedad de la vida, pues son nada más que efectos secundarios que vienen dados con el buen funcionamiento el sistema capitalista neoliberal. Así que a aguantarse: con suerte soplarán vientos menos severos en unos veinte años… claro, dependiendo de a dónde le haya tocado a uno vivir. En las noticias de ayer se escuchaba: “los mercados no reaccionan a pesar de las inyecciones…”. El sistema es como un dinosaurio postrado, jadeante y podrido, y nosotros impávidos mirándole alrededor, con nuestros pobres recursos de médicos desahuciados. Pero esta animal tiene su propia lógica y su propia forma de operación que según dicen no es menester de los humanos (pobres mortales que le miran con reverencia) y mucho menos de los gobiernos, al parecer.
Ahora bien, yo no soy un erudito de la economía, pero no hace falta serlo para darse cuenta de dos cosas básicas: uno, que éste es un sistema absurdo porque su mantenimiento y crecimiento dependen de la generación de pobreza, de la injusta distribución de recursos de todo tipo y de la devastación ecológica. Y dos, que no es naturalmente el único sistema económico posible; que, aunque quieran hacernos creer lo contrario, se pueden construir formas alternativas de comerciar, de satisfacer nuestras necesidades, de consumir y de estar en el mundo.
Quizá lo más asombroso es que hemos dejado de impactarnos e indignarnos por estos mecanismos truculentos. Nos hemos acostumbrado a mirarlo como cosa de todos los días: ya no nos asquea el hedor y la descomposición que va dejando por todos lados, se ha convertido en nuestro hábitat natural. Aunque no lo parezca, la retórica sobre la economía que nos ofrecen los dueños del dinero contribuye en buena parte a perpetuar el sistema, a generar un imaginario donde las cosas son así y no pueden ser de otra manera, a naturalizar un régimen. Al hablar en esos términos, al observar las cosas de esa manera, nos situamos automáticamente en un lugar más limitado y con menos posibilidades de acción y transformación. Entonces parte de la guerra que tendríamos que dar pasa por contar la historia de otra forma, por contar otras historias y por adueñarnos de las palabras con que hacemos al mundo.
Ayer por la mañana, camino a la universidad, me topé en la boca del metro con gente voluntaria que estaba repartiendo un impreso activista muy meritorio y muy ilustrativo que precisamente se ha propuesto poner su palabra para empezar a engordar la nueva historia. El impreso está en catalá pero aquí está la versión online en varios idiomas. Bon profit!
Ahora bien, yo no soy un erudito de la economía, pero no hace falta serlo para darse cuenta de dos cosas básicas: uno, que éste es un sistema absurdo porque su mantenimiento y crecimiento dependen de la generación de pobreza, de la injusta distribución de recursos de todo tipo y de la devastación ecológica. Y dos, que no es naturalmente el único sistema económico posible; que, aunque quieran hacernos creer lo contrario, se pueden construir formas alternativas de comerciar, de satisfacer nuestras necesidades, de consumir y de estar en el mundo.
Quizá lo más asombroso es que hemos dejado de impactarnos e indignarnos por estos mecanismos truculentos. Nos hemos acostumbrado a mirarlo como cosa de todos los días: ya no nos asquea el hedor y la descomposición que va dejando por todos lados, se ha convertido en nuestro hábitat natural. Aunque no lo parezca, la retórica sobre la economía que nos ofrecen los dueños del dinero contribuye en buena parte a perpetuar el sistema, a generar un imaginario donde las cosas son así y no pueden ser de otra manera, a naturalizar un régimen. Al hablar en esos términos, al observar las cosas de esa manera, nos situamos automáticamente en un lugar más limitado y con menos posibilidades de acción y transformación. Entonces parte de la guerra que tendríamos que dar pasa por contar la historia de otra forma, por contar otras historias y por adueñarnos de las palabras con que hacemos al mundo.
Ayer por la mañana, camino a la universidad, me topé en la boca del metro con gente voluntaria que estaba repartiendo un impreso activista muy meritorio y muy ilustrativo que precisamente se ha propuesto poner su palabra para empezar a engordar la nueva historia. El impreso está en catalá pero aquí está la versión online en varios idiomas. Bon profit!
sábado, 6 de septiembre de 2008
El sembrador siempre nace
El pasado 12 de agosto murió el sociólogo colombiano Orlando Fals Borda, una figura fundamental de las ciencias sociales latinoamericanas.Hasta sus últimos días, Fals Borda practicó con maestría el difícil arte de conjugar la mirada teórica con la praxis política, orientada a la transformación de la realidad social. Cuando regresó de hacer postgrados en Estados Unidos, se dio cuenta de que las circunstancias colombianas y latinoamericanas demandaban la verdadera aplicación de unas ciencias sociales comprometidas con la gente y con el contexto. Este impulso lo llevó a ser uno de los principales cultivadores del método de investigación conocido como Investigación-Acción Participativa, que consiste en generar conocimiento al tiempo que se modifican colectivamente las condiciones sociales en función de identificación de necesidades y el acuerdo de objetivos con las personas protagonistas de dichos cambios.
Su mirada inquisitiva y su compromiso con el devenir cotidiano de las comunidades, lo llevaron a realizar actividades diversas y eclécticas. Junto a Camilo Torres Restrepo, la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional (en Colombia), la primera en América Latina. Fue su decano hasta 1966. Entre 1959 y 1961 fue Ministro de Agricultura. Luego fue director de investigaciones en el Instituto de Naciones Unidas para el Desarrollo Social. Entre 1972 y 1976 dirigió la Fundación de Investigación y Acción Social en Bogotá. En 1973 fundó la famosa revista Alternativa, junto con Enrique Santos Calderón, Gabriel García Márquez, Arturo Alape y Antonio Caballero.
A raíz de su muerte, uno de sus alumnos escribió:
“Más cercano a la academia socrática que a las presentaciones en Power Point. Más amigo de conversar y debatir que de dictar cátedra. Más adepto a la universalidad del saber que a la ultraespecialización tecnocrática. Más preocupado por transformar la realidad que por lucirse en la demostración abstracta. Y mucho más interesado en hacer llegar su saber a los excluidos que en ganarse con él la simpatía de los excluyentes. Un maestro que no se hizo con el primer hervor de su sociología de Minnesota y su Ph.D. de la Florida a comienzos de los años cincuenta, sino que se fue perfilando lentamente con sus investigaciones entre los campesinos del altiplano cundiboyacense; con la búsqueda explicativa de ancestros e identidades en su Historia doble de la costa […] Y si la suprema especificidad humana es la creatividad, el maestro Fals Borda es un ejemplar sobresaliente de humanidad. Ha creado música, libros, conceptos, métodos, centros académicos, movimientos y plataformas políticas, afectos, amores, escuela, antiescuela.”
Finalmente, concluye diciendo que el sembrador siempre nace: “Tranquilo entonces maestro y amigo que usted cada día va a estar renaciendo en cada uno de nosotros sus afortunados alumnos, en cada página de sus libros, en cada nota de sus canciones, en cada nueva empresa.”
domingo, 4 de mayo de 2008
Los escondrijos del poder

No es por casualidad, pero tampoco es algo planeado. Poder empieza a ser una palabra recurrente en lo que escribo. Estoy trabajando con ese vector en mi investigación, lo he estudiado, y al parecer dicha sensibilidad hace que empiece brotar en todas partes, con todas las texturas.
Particularmente estoy estudiando la noción foucaultiana de poder que resulta útil, entre otras cosas, porque complejiza las ideas clásicas del poder y permite sorprenderle en sus escondrijos, en sus operaciones sutiles y engañosas, en sus trampas invisibles, que es en buena medida como creo que está operando ahora. Un poder omnipresente y productor, al grado de convertirse en el agua en que nadamos, al grado de no sentir más sus fuerzas atravesándonos las carnes.
Recuerdo ahora esto porque acabo de leer una frase impactante de Jaques Lacan. Pero empecemos desde el empiezo. En este mes se celebra (¿?) El 40 aniversario del mayo francés, ese período de manifestaciones estudiantiles, de huelgas obreras, donde se respiraba un aire que inconfundiblemente olía a que se puede cambiar todo, a que todo es posible, a que el mundo libre y justo y verde que queremos está aquí nomás, y basta con estirar la mano. El mayo francés está guardado en el cajón de la historia reciente de las democracias occidentales como un periodo de locura, como un brote psicótico, una rabieta de una juventud más soñadora de lo normal, un buen ejemplo de la explosividad pasional de la utopía.
Pero la historia no es tan sencilla. Aunque como movimiento social fue sofocado, la revuelta levantó el polvo asentado en las estanterías inmóviles de la ya consolidada estructura capitalista, abrió espacio para un tipo de disidencia que nunca había tenido tales magnitudes y sirvió de ejemplo retórico y práctico de un sinfín de movimientos y procesos en otras latitudes que, aún hoy, siguen influenciados –aunque no sean muy conscientes de ello- por aquella imagen épica. También aprendimos y pensamos muchas cosas muy distintas: no abarcaré las posibilidades, ni siquiera un orden categorial de las mismas, pero quiero centrarme en una. Un grupo de teóricos sociales pensó que el poder era tramposo y mutante, que nos enfrentábamos con un poder extremadamente plástico que lograba incorporar dentro de sí todas las formas de batalla que se le enfrentaran, todas las estrategias de disidencia. Muchos hablaron sobre el tema, Foucault también.
El poder contra el que luchamos no es inocente ni estable. Se está especializando en la conquista continua de espacios de libertad y disidencia a través de formas veladas que no pasan por la opresión directa, sino que por la incorporación disimulada, por fagocitosis, matando en este proceso el potencial de resistencia. Así pues, hemos hablado ya bastante sobre la mercadotecnia vasta y multi-estilizada que ha crecido en torno a la figura del Ché y que, al hacerla un ícono mundial, le ha vaciado el componente crítico radical que pudo haber tenido y le ha convertido en “mercancía ideológica”; sobre la industrialización de músicas y literaturas que una vez fueron formas de denuncia y que luego acabaron siendo “modas rebeldes”; en fin, la institucionalización de luchas sociales que acaban siendo incorporadas en la estructura que pretendían combatir. Y este análisis puede aplicarse a otras batallas como la emancipación femenina, el discurso izquierdista y los derechos de las minorías. Evidentemente, esto no quita mérito alguno a la lucha y a los luchadores (Octagón, Mascarita, etcétera), pero sí nos alerta sobre un poder post-capitalista que ha desarrollado nuevas formas de control que no son tan evidentes, y por consiguiente, nos pone a pensar en generar nuevas formas de lucha. Qué lío, ¿no?
Ah! De veras. La cita de Lacan está en este artículo de Zizek, que está chido para darle vueltas al tema. Ouch! También está aquí algo del mayo francés. Sobres.
Particularmente estoy estudiando la noción foucaultiana de poder que resulta útil, entre otras cosas, porque complejiza las ideas clásicas del poder y permite sorprenderle en sus escondrijos, en sus operaciones sutiles y engañosas, en sus trampas invisibles, que es en buena medida como creo que está operando ahora. Un poder omnipresente y productor, al grado de convertirse en el agua en que nadamos, al grado de no sentir más sus fuerzas atravesándonos las carnes.
Recuerdo ahora esto porque acabo de leer una frase impactante de Jaques Lacan. Pero empecemos desde el empiezo. En este mes se celebra (¿?) El 40 aniversario del mayo francés, ese período de manifestaciones estudiantiles, de huelgas obreras, donde se respiraba un aire que inconfundiblemente olía a que se puede cambiar todo, a que todo es posible, a que el mundo libre y justo y verde que queremos está aquí nomás, y basta con estirar la mano. El mayo francés está guardado en el cajón de la historia reciente de las democracias occidentales como un periodo de locura, como un brote psicótico, una rabieta de una juventud más soñadora de lo normal, un buen ejemplo de la explosividad pasional de la utopía.
Pero la historia no es tan sencilla. Aunque como movimiento social fue sofocado, la revuelta levantó el polvo asentado en las estanterías inmóviles de la ya consolidada estructura capitalista, abrió espacio para un tipo de disidencia que nunca había tenido tales magnitudes y sirvió de ejemplo retórico y práctico de un sinfín de movimientos y procesos en otras latitudes que, aún hoy, siguen influenciados –aunque no sean muy conscientes de ello- por aquella imagen épica. También aprendimos y pensamos muchas cosas muy distintas: no abarcaré las posibilidades, ni siquiera un orden categorial de las mismas, pero quiero centrarme en una. Un grupo de teóricos sociales pensó que el poder era tramposo y mutante, que nos enfrentábamos con un poder extremadamente plástico que lograba incorporar dentro de sí todas las formas de batalla que se le enfrentaran, todas las estrategias de disidencia. Muchos hablaron sobre el tema, Foucault también.
El poder contra el que luchamos no es inocente ni estable. Se está especializando en la conquista continua de espacios de libertad y disidencia a través de formas veladas que no pasan por la opresión directa, sino que por la incorporación disimulada, por fagocitosis, matando en este proceso el potencial de resistencia. Así pues, hemos hablado ya bastante sobre la mercadotecnia vasta y multi-estilizada que ha crecido en torno a la figura del Ché y que, al hacerla un ícono mundial, le ha vaciado el componente crítico radical que pudo haber tenido y le ha convertido en “mercancía ideológica”; sobre la industrialización de músicas y literaturas que una vez fueron formas de denuncia y que luego acabaron siendo “modas rebeldes”; en fin, la institucionalización de luchas sociales que acaban siendo incorporadas en la estructura que pretendían combatir. Y este análisis puede aplicarse a otras batallas como la emancipación femenina, el discurso izquierdista y los derechos de las minorías. Evidentemente, esto no quita mérito alguno a la lucha y a los luchadores (Octagón, Mascarita, etcétera), pero sí nos alerta sobre un poder post-capitalista que ha desarrollado nuevas formas de control que no son tan evidentes, y por consiguiente, nos pone a pensar en generar nuevas formas de lucha. Qué lío, ¿no?
Ah! De veras. La cita de Lacan está en este artículo de Zizek, que está chido para darle vueltas al tema. Ouch! También está aquí algo del mayo francés. Sobres.
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sábado, 26 de abril de 2008
Reaparece la Locura
Estaban separados el cielo y la tierra, el bien y el mal, el nacimiento y la muerte. El día y la noche no se confundían y la mujer era mujer y el hombre, hombre.
Pero Exû, el bandido errante, se divertía, y se divierte todavía, armando prohibidos revoltijos.
Pero Exû, el bandido errante, se divertía, y se divierte todavía, armando prohibidos revoltijos.
Sus diabluras borran las fronterasy juntan lo que los dioses habían separado. Por su obra y gracia, el sol se vuelve negro y la noche arde, y de los poros de los hombres brotan mujeres y las mujeres transpiran hombres. Quien muere nace, quien nace muere, y en todo lo creado o por crear se mezclan el revés y el derecho, hasta que ya no se sabe quién es el mandante ni quién el mandado, ni dónde está el arriba, ni dónde el abajo.
Más tarde que temprano, el orden divino restablece sus jerarquías y sus geografías, y pone cada cosa en su lugar y a cada cual en lo suyo; pero más temprano que tarde reaparece la locura.
Entonces los dioses lamentan que el mundo sea tan ingobernable.
Eduardo Galeano. Espejos: Una historia casi universal. 2008
viernes, 18 de abril de 2008
Por el derecho a la anticoncepción en Chile
Compas chilenas y chilenos que residen en Barcelona -con el apoyo solidario de gente de distintas nacionalidades- están llevando a cabo acciones de resistencia y protesta contra la pretensiones de prohibir/privatizar los métodos anticonceptivos en la salud pública chilena. El Tribunal Constitucional chileno ha presentado un recurso para declarar inconstitucional la distribución de la píldora del día después, así como otros métodos y servicios relacionados con la anticoncepción. Esta medida atenta contra la libertad de decisión sobre las propias prácticas sexuales y reproductivas, y afecta sobre todo a las clases economicamente más vulnerables del pueblo chileno. Aquí la invitación para mantenernos alerta sobre el asunto y ofrecer apoyo (aunque sea virtualmente):
lunes, 24 de marzo de 2008
El poder del discurso II: La Invención del Otro
Entre otras cosas, la herencia colonial nos ha legado una estructura dicotómica para pensar el mundo: el alma y el cuerpo, el hombre y la mujer, el civilizado y el bárbaro, el occidente y el oriente, el Mismo y el Otro… estos polos fueron inscritos como entidades naturales a través de la paciente labor material e intelectual de los imperios de Castilla y Portugal, de Alemania, Francia e Inglaterra. Navegaron con las expediciones de ultramar, fueron distribuidos con la trayectoria de los cañones y, posteriormente, con la importación de toda clases de contenidos culturales.
Para Said, el Otro colonizado está hecho a imagen y semejanza del imaginario del colonizador –de los miedos y deseos de quienes producen conocimiento-, una emboscada de significados que se esconde tras una descripción aparentemente objetiva y científica. Si bien resulta más o menos imposible escabullirnos de los miedos y los deseos que nos acechan desde cada ángulo, seguimos cometiendo el error de hacer que las interpretaciones y narraciones locales se convierten, por un acto mágico-colonizador, en verdades universales.
El Otro es hilvanado pacientemente con las palabras que lo fraguan, con las historias que lo cuentan, con los contornos que lo dibujan. La historia de las sociedades es un contarnos relatos con pretensiones de antigüedad acuciante y, al contarlos, fabricarles una historicidad que las conduce al presente. Los cazadores han contado la historia de todos los animales del bosque. Han dibujado sus mapas, han bautizado a su prole, han diseñado los moldes de sus raíces folklóricas, han teñido con pinturas simbólicas los colores de sus pieles. Sus rastros, sus tambores, sus diásporas son puestas en una escena, con un script escrito por los profesionales del Universalismo S. A. de C. V. En el horno de las crónicas y los informes se fabrica la textura del pan en que son servidos al mundo.
Los Otros, los que no poseen las imprentas y que no son dueños de los conglomerados mediáticos son siempre descritos, son dichos por otros Otros cuyas voces se han adueñado de la facultad de decir. Pero desde donde se dice, la coordenada específica de enunciación, es también una palabra. Y esa palabra tiene también unos corsees que le condicionan la dicción. Las palabras y las historias, las palabras martillos, las historias arneses, tuerca, gubia, arado, flecha, aguja, pincel, bala.
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