jueves, 16 de octubre de 2008
Anda el animal
Si Parolicias fuera un retoño antropomorfo, ahora estaría en condiciones de mantener una conversación coherente y de manipular objetos diversos con una motricidad fina notable. Sus operaciones cognitivas se caracterizarían por la irreversibilidad, la centración y el egocentrismo. Su razonamiento moral estaría ingresando a la etapa pre-convencional, donde la conducta es regida por controles externos básicamente a través de recompensas y castigos. Habría conseguido ya el control de esfínteres y estaría entrando en los fangosos territorios del complejo Edipo/Electra. Su lenguaje se ceñiría a las reglas de la gramática y contaría con un vocabulario de entre mil quinientas y dos mil trescientas palabras. Probablemente también tendría un apego seguro para con su cuidadora principal. Sin embargo y felizmente, a sus cuatro años, esta criatura ha roto todos los cánones de la ciencia de la predicción. Fue concebida en una cópula creativa de un trío (ajá), y ha sido criada y nutrida por una cantidad creciente de madres/padres adoptivos. El único apego que conoce es a la música y a las letras, de ahí en más, se empeña en no ser de nadie. Desde siempre le han brotado palabras multiformes y fecundas de la boca, y antes de caminar aprendió a bailar. Definitivamente, los castigos y las recompensas de las autoridades le tienen sin cuidado, y mantiene la misma incontinencia de antaño. Nunca pudo socializar de otra manera que no fuese compartiendo lo viejo y abrazando lo nuevo: sus nociones de espacio y tiempo son fluidas e inestables. Anda por ahí dando brincos, como un animalito salvaje que no ha sido domesticado por la buena educación de la recta sociedad. ¡Eso sí que es para celebrar!
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