A la vida le da por plantear sus reveses de vez en cuando y en estos últimos meses se ha empeñado de enseñar el cobre. De repente se revelan brotes pseudoesquizofrénicos en las esquinas del mundo más inesperadas y uno no atina a gestionar la estupefacción con suficiente rapidez. Quizá por eso una nube de tristeza y enojo vino a merodear por estos días. Quizá por eso es que ha costado escribir para desmenuzar el embrollo que se viene tejiendo. Cuando volví de Colima a Barcelona ya se venía perfilando el naufragio y acá terminó de explotar en forma de macanazos. Ajá. Será la crisis económica o nerviosa, será el horóscopo, será la edad. Primero, quisieron amarrarle una pata al animal de Parolicias. Luego, vino a establecerse una rutina de gestiones burocráticas poco productivas. Y para derramar el jarrón, la policía regresó a hacer de las suyas y cargó contra los estudiantes que se manifestaban para defender la universidad pública. A fuerzas de golpes y patadas disolvieron dos manifestaciones en las calles barcelonesas y dejaron en claro que aquí no hay por qué molestarse en pensar. Y esto terminó de agriar los ánimos. La cosa está tensa y parece que seguirá en incremento.
Como era de esperarse, los medios de comunicación se han dedicado a desprestigiar las reivindicaciones estudiantiles y a defender los intereses de las empresas y el Estado (en ese orden). Por lo demás, es muy triste que a mucha gente estos asuntos sencillamente no le distraigan de sus substanciales actividades cotidianas, no le quiten el sueño, no le ‘coman el coco’. Será que su comprensión del mundo tiene unos alcances que me están vedados o que simplemente no me he enterado de que, por alguna razón, ya nada de esto vale la pena. Y así me vino a la cabeza el verso sabinesco:
La guerra que se acerca estallará
mañana lunes por la tarde
y tú en el cine sin saber
quién es el malo mientras la ciudad
se llena de árboles que arden
…y el cielo aprende a envejecer.
Las imágenes que dejo son escandalosas, demandantes y estorbosas para la conciencia en reposo. Pero mi necedad me repite que importan y que el silencio en estos casos es similar a la complicidad. En alguna ocasión se me ocurrió pensar que la guerra que enfrenta macanas contra libros es la más sórdida y la más guerra de todas. Y también es la guerra de la historia y de la vida, de la que es imposible, en el fondo, mantenerse al margen. A pesar de todo, algunos miles de personas salimos ayer a la calle y marchamos por media Barcelona. Había gente que aún cojeaba por los golpes de hace unos días, y venía sonriendo. A pesar de todo, la primavera está llegando y estamos saliendo a la calle, y saldremos otra vez mañana, y diremos…
El mismo día, en la noche:
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