domingo, 9 de septiembre de 2007

Musik is what we are

I’ve always been intrigued by this. Perhaps because I feel music is an important frame of reference in my own particular life; perhaps because I find in music a language capable of naming and exploring behind and beyond any other language. How much can we know about ourselves or others by looking into music files and profiles? How much can music say about how we feel, see and think about the world?
There are clues pointing to music as a predictor or describer of personality. Music sings and sounds who we are. But let us begin from the beginning. I was net-surfing in some psychology blogs and ran into an interestingly fun study that I try to summarize as follows.
The original paper is called “Message in a Ballad: The role of music preferences in interpersonal perception”, a study developed in University of Texas by Rentfrow and Gosling (2006) and published in Psychological Science Journal. They put participants in same-sex and opposite-sex pairings and told them to get to know each other over 6 weeks. Analysing the results, they found the most popular topic of conversation was music. The number of people who talked about music was surprisingly high. In the first week an average 58% of the pairs discussed music compared to 37% of all the other categories of conversation combined. Other categories included books, movies, TV, football and clothes.
Why do we use music as a first port of call in getting to know another person? What is it about music that's so useful when we first meet someone and what kind of information can we extract from the music another person likes? We probably think that music is indirectly telling us something about the other person's personality. For this reason, the second question this study tried to answer was: how good is music as a measure of personality? To answer this question, a group of participants was asked to concoct a list with their 10 favourite songs. Later, another group of participants was asked to “extrapolate” characteristics of personality of the listener based on the list created. The predictions of this second group were compared with a standardized test of personality, the Big Five Personality Traits, measuring: openness to experience, extraversion, agreeableness, conscientiousness and emotional stability.
Results showed that music preferences were reasonably accurate in conveying aspects of personality. Of the five traits, it was a person's openness to experience that was best communicated by their top 10 list of songs, followed by extraversion and emotional stability. On the other hand, music preferences didn't say much about whether a person was conscientious or not.
Some advancement was given regarding the relationship between music preferences and personality traits: those who like vocals tend to be extraverted; preference for country music is related to emotionally stable people (which is really bizarre because country music is all about heartache!); and jazz is associated with intellectuals. This raises the question of why people listen to particular types of music. These are the explanations cited on the post: One theory is that people simply find some music more pleasant for aesthetic or cognitive reasons. Another is that people use music to regulate their mood: I want to get hyper for a night out so I put on some dance music. Another is that music is related to identity; people listen to music that expresses they way they see themselves. It seems likely that a combination of all these theories is probably true.
Now, this study was carried out in Gringoland and it is evidently significant that this is strongly influencing the musical genres and preferences that emerge (which are determined by a particular culture and commercial dynamic). Another important caveat for this study was that the average age of the participants was around 18 so this findings might not hold in different age-groups. I wonder if this relation between music preferences and personality traits would prevail across cultures, age-groups, social class and other variables, what kind of genres or music styles would appear and related to what personality traits in other musical cultures such as Mexico.
Above and beyond the technical specificities of the study, the idea that music describes and reflects, at least partly, who we are is alluring and seductive. Perhaps we can be as diverse inside as a music mosaic; we can have as many mind-colours as rhythms, melodies and sound textures in our heads. In the simplest case, “it seems that talking about (and sharing) music might be a very powerful way to make a connection with another person.”

sábado, 1 de septiembre de 2007

Este enunciado es falso


De manera que el mundo está lleno de sorpresas, la realidad es inexplicable y enigmática, la vida transcurre por caminos inverosímiles y extravagantes. Si andamos un poco vivos y un tanto despiertos, es inevitable percibir la inmensa complejidad del universo y las fuerzas que lo habitan, la insuficiencia de los recursos intelectuales generados hasta el momento para entenderlo y explicarlo plenamente. Los aparentes órdenes que hemos puesto sobre las cosas, la supuesta fiabilidad con que podemos anticipar o explicar, las referencias lógicas y de sentido común con que nos manejamos son constantemente retadas por una realidad que no termina de caber en nuestros moldes, que siempre está un paso más allá. He aquí la paradoja como una figura que nos asoma a dicha circunstancia.
Definir paradoja no es cosa sencilla como sucede en casos donde lo que se busca es definir una apreciación o experiencia genuinamente humana. Quizá entonces podemos iniciar por ahí: una paradoja es una vivencia humana, es decir, no existe en el mundo físico “exterior”, sino que es una determinada percepción de ese mundo, una interpretación específica de lo que tenemos enfrente. Dicha interpretación o construcción, atendiendo a su etimología (del griego parádoxos), se resume sencillamente como “contrario a la opinión común”, y me parece que aquí se condensa un rasgo esencial de la paradoja; además la paradoja también “encierra contradicción”, es algo que es y no es a un mismo tiempo y esta, de entrada, es una definición por lo demás paradójica. Una forma tangible de paradoja puede encontrarse en “una construcción lingüística de la que no somos capaces de afirmar ni su veracidad ni su falsedad ya sea porque su veracidad implica su falsedad o porque su veracidad implica su veracidad de la misma forma que su falsedad implica su falsedad”. Pero para dejarnos de contorsiones verbales pongamos el caso ilustrativo de la frase que da título a este alegato: Este enunciado es falso, ya que si este enunciado se refiere al propio enunciado “este enunciado es falso” ello implica que si el enunciado es verdadero entonces el enunciado es falso y viceversa. Esta es una especie de reproducción de una paradoja lógica antigua y bien conocida atribuida al filósofo griego Eubúlides llamada la paradoja del mentiroso y que se formula de la siguiente manera: ¿Mientes cuando dices que mientes? Usted podrá corroborar las consecuencias de responder sí o no a dicha increpación. Estas paradojas lógicas han encontrado solución a través del álgebra booleana, pero no por ello pierdan su enigma original y la plausible contradicción a la idea fácil, al orden dado y presupuesto. En un rápido buceo hacia la búsqueda de relatos, discursos, y concepciones sobre la paradoja como figura intelectual, es inevitable mantenerse al margen de taxonomías y categorías académicas de aproximación. Por ejemplo, las paradojas adquieren diferentes formas o matices en función del campo al que pertenezcan: aunque todas paradojas, las de la ética difieren de las de la lógica o la epistemología o las ciencias sociales o las matemáticas o la física o la economía. Se sabe que existen paradojas que en realidad encuentran una solución satisfactoria y otras que son –al menos matemática o lógicamente- imposibles de resolver. Cuando se mezcla la teoría de conjuntos con la noción de infinito, por ejemplo, surgen algunas paradojas bastante deleitosas. Bertrand Russell pregunta: ¿Existe un conjunto de todos los conjuntos que no se contienen a sí mismos? La paradoja de Zenón o la de Galileo también son golosinas atractivas.
Pero estos líos los dejaremos para mañana. Por ahora me interesa dejar constancia de la paradoja como una figura que nos ayude a dialogar con este enrevesado mundo. En palabras de Polcan: “La paradoja aparece como un relámpago en el cielo de la lógica, sorpresivo y fascinante, iluminando perfiles de la realidad que hasta el momento permanecían ocultos (…) Ante la paradoja, la aparente solidez de un mundo previsible y seguro se tambalea y el misterio de otra lógica visita nuestra mente con una luz nueva.”
Está por demás mencionar que la identificación, uso o construcción de paradojas ha sido un elemento clave para la evolución de concepciones matemáticas, filosóficas y científicas en general, pero vale la pena enfatizar en que la paradoja a menudo funciona como un significante profundo capaz de impregnar de sentido múltiples realidades de la experiencia humana.
Sin necesidad de embrollarse en las ligas técnicas-académicas de lo que es y cómo y cuándo una paradoja, el mundo a veces no tiene más remedio que traducirse a través de éstas; uno puedo mirarlas y nombrarlas, cuando lo que se quiere nombrar no se deja de otro modo. Apuesto a que tienes tus favoritas. Eduardo Galeano nos compartió algunas: “La frase más famosa atribuida a Don Quijote ("Ladran, Sancho, señal que cabalgamos") no aparece en la novela de Cervantes; y Humphrey Bogart no dice la frase más famosa atribuida a la película Casablanca (Play it again, Sam).
Contra lo que se cree, Alí Babá no era el jefe de los 40 ladrones, sino su enemigo; y Frankenstein no era el monstruo, sino su involuntario inventor.
Hay en el mundo tantos hambrientos como gordos. Los hambrientos comen basura en los basurales; los gordos comen basura en McDonald's.
Según los evangelios, Cristo nació cuando Herodes era rey. Como Herodes murió cuatro años antes de la era cristiana, Cristo nació por lo menos cuatro años antes de Cristo.
El mundo es una gran paradoja que gira en el universo. A este paso, de aquí a poco los propietarios del planeta prohibirán el hambre y la sed, para que no falten el pan ni el agua.”
De quedarnos con alguna, quedémonos con la definición que sencillamente pone a la paradoja como “cualquier afirmación sorprendente, problemática o contraintuitiva, especialmente una verdad contraintuitiva”. Si la paradoja es una posibilidad aceptada de nuestro pensamiento cotidiano, entonces nos permitirá integrar aquellos aspectos de la realidad que contravengan la lógica cotidiana, el pensamiento lineal o el sentido común. Una figura intelectual que nos permite dialogar con aspectos de la realidad que desmienten o modifican radicalmente los esquemas que nos hemos generado sobre ella. Un recurso que nos permite husmear en la frontera del entendimiento cotidiano. Imaginemos las implicaciones.
Quede aquí, a merced de vientos y mareas, plasmada la intuición que me llevó a preguntarme sobre la paradoja. Galimatías aparte, la apreciación de cada cual será seguramente muy particular y para su propio provecho, pues como afirmó Sartre (paradoja incluida): estamos condenados a la libertad, o sea que no nos queda más remedio que ser libres. Y puede que este enunciado no sea falso.