Entre otras cosas, la herencia colonial nos ha legado una estructura dicotómica para pensar el mundo: el alma y el cuerpo, el hombre y la mujer, el civilizado y el bárbaro, el occidente y el oriente, el Mismo y el Otro… estos polos fueron inscritos como entidades naturales a través de la paciente labor material e intelectual de los imperios de Castilla y Portugal, de Alemania, Francia e Inglaterra. Navegaron con las expediciones de ultramar, fueron distribuidos con la trayectoria de los cañones y, posteriormente, con la importación de toda clases de contenidos culturales.
Para Said, el Otro colonizado está hecho a imagen y semejanza del imaginario del colonizador –de los miedos y deseos de quienes producen conocimiento-, una emboscada de significados que se esconde tras una descripción aparentemente objetiva y científica. Si bien resulta más o menos imposible escabullirnos de los miedos y los deseos que nos acechan desde cada ángulo, seguimos cometiendo el error de hacer que las interpretaciones y narraciones locales se convierten, por un acto mágico-colonizador, en verdades universales.
El Otro es hilvanado pacientemente con las palabras que lo fraguan, con las historias que lo cuentan, con los contornos que lo dibujan. La historia de las sociedades es un contarnos relatos con pretensiones de antigüedad acuciante y, al contarlos, fabricarles una historicidad que las conduce al presente. Los cazadores han contado la historia de todos los animales del bosque. Han dibujado sus mapas, han bautizado a su prole, han diseñado los moldes de sus raíces folklóricas, han teñido con pinturas simbólicas los colores de sus pieles. Sus rastros, sus tambores, sus diásporas son puestas en una escena, con un script escrito por los profesionales del Universalismo S. A. de C. V. En el horno de las crónicas y los informes se fabrica la textura del pan en que son servidos al mundo.
Los Otros, los que no poseen las imprentas y que no son dueños de los conglomerados mediáticos son siempre descritos, son dichos por otros Otros cuyas voces se han adueñado de la facultad de decir. Pero desde donde se dice, la coordenada específica de enunciación, es también una palabra. Y esa palabra tiene también unos corsees que le condicionan la dicción. Las palabras y las historias, las palabras martillos, las historias arneses, tuerca, gubia, arado, flecha, aguja, pincel, bala.
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