jueves, 30 de abril de 2009

Otra vez la doctrina del shock

Nuevo virus y viejas mañas. Atizar y sacar provecho de la confusión y la alarma sociales es una jugarreta recurrente para confeccionar estados de control e imponer políticas siniestras. Aprovechando el golpe de la influenza, en México se han hecho algunas enmiendas y se han pasado ‘al vapor’ algunas leyes que tocan fibras vitales. Entre otras, se aprobó sin demasiada bronca una ley que faculta a una ‘policía encubierta’ para intervenir teléfonos e internet. Hay también por ahí reformas en el ámbito de la Educación, la Expropiación y el Turismo de las que poco se ha informado y menos se ha discutido. El mecanismo es sencillo: en un estado colectivo de estrés y desorientación las nuevas normas se inyectan con facilidad. La periodista canadiense Noami Klein desarrolla esta idea como ‘la doctrina del shock’ (en el libro homónimo) y Alfonso Cuarón hace un corto introductorio. Aunque hace algún tiempo ya lo había colgado en el blog, lo pongo de nuevo porque nos invita a pensar en cómo las cosas están sucediendo y se están manejando en torno a la ‘gripe porcina’ y los oscuros movimientos que se pueden gestarse en esta coyuntura. Hace unas décadas la CIA ya informaba en sus manuales de interrogación: “la capacidad de resistencia disminuye debido a la desorientación”. Y una mente aprovechada ya aconsejaba a los políticos que “inmediatamente después de una crisis deberían imponer todas las políticas dolorosas a la vez, antes de que la gente pudiera recuperar el paso”.

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